Desde mi Blog

Tiroteo en Parkland

Yo no escribo de cosas que no he estudiado y por eso no diré nada sobre la sociedad norte americana como tal, ni sobre el control de armas. Yo quiero llamar la atención sobre algunos detalles que si he estudiado y que veo con frecuencia. Aunque en Venezuela no tenemos ataques masivos con armas dentro de las escuelas, sí tenemos muchachos violentos y transgresores. Nikolas Cruz asesinó ayer a 17 personas dentro del colegio del que había sido expulsado «POR LLEVAR CUCHILLOS CON FRECUENCIA, por ser aficionado a las armas y por presumir de matar animales. Yo me pregunto, ¿cuánto se puede ser indiferente frente a un joven así, que primero fue un niño al que no se le prestó mucha atención?, Esta atención va más allá de haberlo querido, implicaba también supervisarlo, corregirlo, reconducir sus acciones y a lo mejor sus intereses. Quizás si alguien le hubiera enseñado que algo cortante puede servir también para salvar personas en un quirófano y que ser médico podía igualmente hacerlo sentir poderoso, no sería hoy un asesino. ¿A quién le corresponde ayudarlo o corregirlo antes que asesine a 17 personas? Porque ahora es un monstruo, pero antes fue un niño que no tenía amigos y que seguramente se refugió en Internet para no aburrirse y allí pasaba tantas horas sin joderle la paciencia a nadie, que simplemente no importó. Pero los malos, o las armas, o la violencia le hicieron compañía y le hicieron sentir poderoso e incluido. Quizás fue un niño a quien le celebraron sus actos de acoso o sus «pequeñas» faltas a la ley.

Lamentablemente a Nikolas no se le atravesó un adulto, o un deporte o las artes que le permitiera volverse bueno. Se volvió malo, no nació así. Se volvió  un monstruo, no nació así. Se volvió un asesino, no nació así. Hoy leía sobre un niño «demoníaco» que lloró 8 horas en un avión e hizo infelices a los pasajeros y me pregunté también, ¿Será que nadie, ni los padres, hicieron lo suficiente? ¿Será que hay algo más que podamos hacer?. ¿Será qué ponemos más cuidado a lo que le sucede a los niños, aunque no sean nuestros? ¿Será que ese niño se convertirá mañana también en un transgresor que cuando pedía ayuda a gritos, la gente solamente se quejó?

No sé, quizás la culpa es solo de los padres biológicos de Nikolas, o quizás de los padres adoptivos, pero también es verdad que hay maestros, entrenadores, vecinos o tíos que salvan vidas. A lo mejor todos somos un poco responsables de la tragedia. Cuando se cambien las leyes y se controlen las armas y se inunden los colegios con detectores de metales, ¿se solucionará el problema? Porque también pueden recurrir a asesinar con sustancias químicas ¿O más bien hará falta que los adultos nos ocupemos de mirar a nuestros hijos? De estar atentos a las señales que emiten cuando las cosas van mal, en lugar de refugiarnos en frases como «son travesuras de niños» o «así son los adolescentes». Nuestros hijos requieren urgentemente, que dejemos de amarlos con locura y empezamos a amarlos con sensatez.